… como bolsas de salsa picante que venden en las tiendas de “burguers” de nombre que me recuerda a irlandeses.
Al principio la tierra era así, candente, llena de ilusiones, llena de vida en potencia.
Todo ardía, como latidos de corazones apasionados, de hecho, era un corazón latente, naciente y yo no era más que una sombra de un sueño aún no soñado.
En el principio, mientras todo ardía y podría ser imposible caminar descalzo, los gases se alejaban despacio para conformar formas y yo las mirase e inventase en mi inicial infancia, formas idescriptibles, indestructibles.
En el principio, era una forma deforme llena de informales jirones que atisbaban una realidad ingente, yo rumiaba el futuro desde las ventanitas de la realidad.
En el principio todo era desolación e infortunio, andabas sola entre las paredes redondas del verso único e inconstante de crear pero el tiempo se autoinventó y la maravilla entró entre las puertas y rendijas de las ventanas como brazos abiertos esperando al amante.
En el principio no había pensamientos – se intuía, eso sí – por lo tanto, no se podía hilvanar la intención.
En el principio aún no existías no estabas presente, sólo eras el sueño de la creación.
Pero tuvieron que inventarla.
En medio de un parto doloroso, en medio de llantos, del universo naciente, de La Tierra picante, nació La Poesía.

Un abrazo.

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