… Se me quedó pegada su piel, su olor, sus caricias en el cuerpo como una lluvia que moja el cuerpo y tarda en secarse.
Nuestras caricias, almas, se fundieron en los abrazos que costaban despegarse.
Nos dijimos que nos queremos, lloramos.
Pero la realidad cayó con su propio peso.
¿Qué es el futuro?
El presente día a día.
Eso es el futuro.
Ni más ni menos.
El futuro no está porque sí, se construye con un presente, con metas…
Pero hay que aceptarlo, uno tiene que querer compartir un futuro, los dos, compartirlo, ceder ante lo que se quiere comunmente.
Así hay futuro, cuando los dos ceden.
Mi presente… aún la quiero, no pude despegarme de su cuerpo, no pude por más que besarla y acariciarla, tocar su suave piel.
Estoy triste, sí, pero no tengo resentimiento, ya no tengo taquicardias.
Ya mi corazón no es como el de un pájaro que está saliendo del huevo a picotazos, ahora reposa con calma.
Toca vivir mi vida.
Mi cuerpo me huele a ella.
Hasta mi boca me huele a ella.
La tristeza me embarga pero estoy sereno, en mi castillo.
Les deseo a todas y todos que siempre amen sin parar.
Que se entreguen sin medir.
Que digan “Te amo” siempre.
Se los recomiendo verdaderamente.
Sientan, porque “Siento, luego existo”.
Me quedé con un extraño vacío y con la piel impreganda de ella….
De ahora en adelante, a vivir.
Intento cantar pero lloro, la tristeza me puede y las lágrimas me caen sin que las pueda contener, pocas veces he llorado así.
Dios…
Sólo tengo ganas de llorar.
Y lloro.
La quiero aún….
Aún la quiero.
Pero irse y saber que me quiere, me hace que me duela aún más.
Tiempo y lágrimas, creo que mucho de cada cosa.
Nos despedimos con un abrazo y hablamos menos que lo que nos tocamos.
La piel habla más que las palabras, y nuestra piel habló mucho.
Aún la quiero.
La quiero aún.
La tengo tan pegada a mi piel, mi piel la recuerda, su propia memoria la tiene aún demasiado reciente, a unas pocas horas.
Me quedo con este amor que aún late en mi.

Un abrazo.

Un abrazo.

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